Los primeros creyentes no tenían rituales. Me refiero a NINGUNO.
Tenían relaciones que producían:
- transformación
- convicción
- alegría
- arrepentimiento
- milagros
- unidad
- generosidad
- atrevimiento
- asombro
No había:
- púlpitos
- títulos
- sacramentos
- sacerdotes
- líderes de adoración
- montajes dominicales
- luces de escenario
- presupuestos
- listas de miembros
Estaba Jesús.
Y estábamos nosotros.
Pero las máquinas se pueden construir (al menos, inicialmente) más rápido de lo que crecen los organismos, así que no se necesita paciencia, oración ni autenticidad. Solo entusiasmo, ingenio, la magia del marketing, música para mover el bote y una decoración brutal.
Un «megapastor» me señaló, mientras entrábamos en su superestructura, que incluso habían elegido los colores de la pintura del vestíbulo para aprovechar la ola y la vibra de ser un imán para la gente. «Como el papel matamoscas, no se irán». Y, de verdad, era un color de pintura increíble.
Las Organizaciones, los Sistemas y las Máquinas dan más seguridad.
Las máquinas se pueden controlar.
Y así, cambiamos:
- «unos a otros, cada día»
por
- asistencia semanal
La máquina parecía organizada.
Parecía santa. Tenía todas las piezas, más o menos. «¿Qué hay de malo en orar y en las reuniones de oración programadas? ¿Qué hay de malo en escuchar otro maravilloso mensaje de la Palabra? ¿Qué tanto hay de malo en tener un servicio de adoración?
¿Qué hay de malo en besar a mi esposa principalmente según un horario, a las 6:15 p. m. todos los días? Sigue siendo un beso, ¿no?! ¿Cuál es el gran problema?».
Parecía segura y estructurada.
Pero una máquina, por muy bien diseñada que esté, no está viva. Falta algo, como en el caso del beso programado. Un Sistema no es un Ecosistema.
